¿La belleza es universal?

La definición de belleza es un tema muy controversial, por lo que existen distintas teorías y opiniones al respecto, entre estas, las concepciones de Platón. En primer lugar, apoyado en Pitágoras, defendió que la noción de belleza depende estrictamente de la combinación efectiva entre armonía y proporción (Eco, 2010). Más adelante, permaneció con la tesis del mundo inteligible, mejor conocido como el mundo de las ideas. Este último procede de una división entre un mundo de cosas sensibles (percibido a través de los sentidos), y otro percibido mediante el pensamiento (mundo inteligible) donde habitan ideas o verdades absolutas. Por tanto, la belleza del mundo sensible (en el cual habitamos) tiene origen en la “Idea de belleza” existente en el mundo inteligible.

Otra tesis titulada “Teoría de la selección natural” plantea que la belleza es un indicador de salud y fertilidad (Grammer y Fink, 2003), por lo que tanto animales como seres humanos inclinan su interés de interacción sexual hacia un igual con características allegadas a estas condicionantes.

Por último, se encuentra un nuevo foco filosófico desplazado hacia los efectos que la apreciación de la belleza produce, más que cánones o estándares estrictamente seguidos en la antigüedad por parte de las primeras civilizaciones.

A pesar de todas estas teorías filosóficas y científicas, la tesis más resguardada popularmente relaciona la belleza con lo subjetivo, colocando como protagonistas a los sentimientos y, a partir de éstos, obtener un juicio valorativo. Este es el concepto acogido en la actualidad, lo que es bello a la vista de un individuo en específico puede no serlo para otro, y no por esto se concluye en carencia de belleza. Esta idea se basa en la opinión de los sofistas acerca del placer proveniente del oír y de la vista (Tatarkiewicz, 1987).

La razón principal de la polémica en este tópico es la percepción de la belleza como una cualidad. Generalmente, al hacer la descripción de un objeto, lugar, situación o persona, las características de estos son aspectos verificables, acercándose al máximo nivel de una verdad absolutista. Sin embargo, de esta idea es necesario exceptuar a la belleza en sí, debido a que no es verificable ni refutable si algo es verídicamente bello. Por consiguiente, es un concepto que hasta nuestros días no ha sido encerrado en estándares de manera total, debido a que la subjetividad le hace competencia a tales teorías.

Es imposible realizar un parámetro específico para definir lo que es bello, ya que existen muchísimas características a considerar. Por ejemplo, la cara humana, esta puede variar desde el tamaño de los ojos hasta la separación de estos, tomando en cuenta solo estos dos rasgos  ya existen miles de combinaciones; y si a esto agregamos las diferentes preferencias que varían de persona a persona, pues tendríamos tantas explicaciones de belleza como cualidades existentes.

Estética y belleza, ¿es lo mismo?

Desde la Prehistoria el hombre ha creado a partir de formas y colores para representar su entorno. “Claro está que con vista a fines prácticos, pero quizá también para ilustrar alguna idea de lo bello” (Bayer, 1961).

Esto nos demuestra que siempre hemos tenido  la vista puesta en lo estético, aunque no fue hasta que el profesor de filosofía Alexander Baumgarten dio una definición de esta asociada a la belleza en su obra Aesthetica, diciendo así, “El conocimiento sensorial que llega a la aprehensión de lo bello y se expresa en el arte y que por su naturaleza es algo totalmente distinto a la lógica.”

A partir de esto la estética se convirtió en una disciplina filosófica, y por ende, una cuestión discutida por muchos. Es pertinente decir que la mayoría de los autores y filósofos han estado de acuerdo en que esta es percibida a través de los sentidos. La Real Academia Española (2018) la define como “Armonía y apariencia agradable a los sentidos desde el punto de vista de la belleza”. Sin embargo, la valoración de la estetica es más objetiva que la de la belleza, porque, a pesar de que debe involucrar sentimientos agradables, es más facil establecer lo que puede ser mas aceptado universalmente como estético, basándose en reglas de colores, formas y combinaciones de estos que captan mas la atención del individuo. En cambio, la belleza, aunque require de cierto grado de estética, está más arraigada en los efectos, sentimientos, experiencias personales y concepciones sociales de lo que es bello.

En conclusión, la belleza depende de una forma u otra en las reglas de la estética pero involucra más evaluaciones personales, y por ende subjetivas. Si todos conocieran la diferencia entre ambos conceptos podrían estar de acuerdo en que algún objeto cumple con parámetros estéticos, y aun así algunos lo catalogarían como bello, mientras que otros no, sin divergir en su cualidad de estético.

¿Aprendemos qué es bello?                                                        

A pesar de que se ha comprobado nuestra preferencia hacia lo proporcional, armónico y simétrico (Magnus Enquist & Anthomy Arak, 1994), considero que el concepto de belleza es aprendido, tanto de experiencias propias como de concepciones sociales de lo que esta implica, incluyendo también nuestras motivaciones y las emociones que provoca en nuestro ser, esto se explica a través de la dimensión psicológica de la belleza, donde se habla de esta en virtud de los procesos psicológicos que involucran ese juicio, entre estos los ya mencionados, motivación y emoción, y la percepción y los recuerdos. Cierta parte de nosotros busca la armonía, pero es en función de nuestros aprendizajes individuales y sociales que realizamos nuestro veredicto de belleza; esto aplica para todo lo que nos rodea — arte, personas, objetos, lugares, animales–.

En pocas palabras, el instinto nos guía hasta cierto punto, pero es el aprendizaje quien dicta nuestras preferencias y lo que consideramos como bello. Lo que nos deja con millones de definiciones de belleza, porque ninguna persona tiene las mismas experiencias ni experimenta las mismas emociones que otra ante los diferentes estímulos.

Escrito por: Ana Raquel Tavárez

Referencias

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Baumgarten, A. G. (1961). Aesthetica. Hildesheim, G. Olms.

Bayer, R. (1961). Histoire de lesthétique / Raymond Bayer. Paris: A. Colin.

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Eco, U., & Irazazábal, M. P. (2010). Historia de la belleza. Barcelona, España: Debolsillo.

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Enquist, M., & Arak, A. (1994). Symmetry, beauty and evolution. Nature,372, 169-172. Retrieved from https://www.nature.com/articles/372169a0.

Fink, B., & Neave, N. (2005). The biology of facial beauty. International Journal of Cosmetic Science.

Grammer, K., Fink, B., Moller, A., & Thornhill, R. (2003). Darwinian aesthetics: Sexual selection and the biology of beauty. Biological Reviews, 78(3), 385-407. doi:10.1017/S1464793102006085

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